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EL  PRÍNCIPE  Y  LA  CORISTA

 

 

 

 

 

 

 

 

Recuerdo una tarde de verano caminando por el Paseo del Prado de Madrid, cuando me choqué de golpe con un hermoso cartel, en aquel cine Palace,  donde a escondidas entraba y mirada con avidez las fotografías de los Films que allí se estrenaban, entre el lujo que todavía recuerdo. Hacía esos veranos que vez sufrimos los madrileños, era agobiante, pero mirar aquella sonrisa de mujer, aquel cuerpo, entre el amarillo de los lienzos, y entre el misterio que siempre albergó para mi aquel ya desaparecido cine Palace, era como sentir aquel morboso placer que empezaba a descubrir en las primeras masturbaciones, en los misterios insondables del pensamiento del adolescente sin definir, entre una sociedad marcada por la censura franquista, pero con algo de encanto por lo desconocido. Siempre consideré aquellos años como nefastos `políticamente y negativos en una sociedad que apenas podía levantar la cabeza, pero había algo de morboso encanto en aquellos años, no podíamos ver los desnudos, pero sin embargo el deleite al presenciarlo era mil veces multiplicado por cien, no podíamos entrar a ver aquellas películas "para mayores de 16 años", pero cuando nos introducíamos en el cine, engañando al portero, también multiplicábamos por cien aquella mágica visión del film prohibido. Fueron años nulos, nefastos y lejanos, pero de los que guardo un recuerdo imborrable...¿Por el cine? ¿Por mis jóvenes años? ¿por mis primeras excitaciones? ¿por aquellos personajes del celuloide?... Pienso que el encanto siempre tiene que venir precedido de magia, y os puedo jurar que cuando descubrí aquel rostro de mujer, el encanto fundió la magia, y quedé cosido para toda mi vida.

 

 

Marilyn y Olivier siempre aparecen en mi vida en momentos críticos, por eso quiero rendirle mi tributo de admiración con

 EL PRÍNCIPE Y LA CORISTA

Ambos me entregaron en bandeja de plata la magia de la que hablaba antes.

 

  

 

Marilyn Monroe sorprendió a todo el mundo acometiendo su primer proyecto como productora junto al actor más distinguido del Reino Unido: Laurence Olivier. Pusieron en pie una versión cinematográfica de la comedia teatral romántica del célebre Terence Rattigan “The Sleeping Prince”, ambos en los papeles protagonistas, y Olivier desdoblándose como director. Marilyn tuvo algunos problemas con el rodaje, debido a una cierta inseguridad, influenciada negativamente por el método de la escuela de Lee Strasberg, quizás abrumada a causa del tremendo respeto que sentía por la personalidad de Olivier, el director llegó a perder la paciencia en alguna ocasión. Marilyn atravesaba su mejor momento a nivel profesional, con éxitos como “Bus Stop” de Josua Logan, “Los caballeros las prefieren rubias” de Howard Hawks y “La tentación vive arriba” de Billy Wilder. En cuanto al tema personal, justamente se acababa de casar con el dramaturgo Arthur Miller, que le acompañaba durante el rodaje en los estudios británicos de Pinewood. Evidentemente aún no habían llegado los verdaderos problemas personales de la actriz y eso se nota en la película.

 

Marilyn luce esplendorosa todo su glamour en esta deliciosa comedia, hasta el punto de llegar a solapar el arte escénico de Sir Laurence. La película que tiene una fascinante fotografía de Jack Cardiff, que supo extraer todo lo mejor de la diva a nivel estético, nos transporta a un Londres de principio de siglo en una residencia diplomática de un regente en un país imaginario que va a asistir a una coronación real en la capital, en mi opinión algo ridículo, pero eso es lo de menos. Nuestra corista americana que ha conocido al regente al terminar la función, es invitada de forma epistolar, como manda la pompa y el boato, a cenar en la embajada, y es donde seducirá con su encanto, no sólo al mandatario. No cabe duda que el director creó esta película a la medida de Marilyn convirtiéndola en una tentación y luciendo un traje de ensueño, a pesar de que Vivian Leigh, la representó antes en el teatro londinense junto a su marido Laurence Olivier, pero es claro que la Monroe destilaba erotismo por todos sus poros, siendo capaz de seducir al más frío y distante de los mortales, como este anacrónico mandatario. Inolvidable película, tuvo el éxito que merecía, el grueso de la crítica la aplaudió y el público no llenó las salas.

 

 Simplemente me considero un admirador al que, por fortuna, el tiempo me permitió descubrir, a parte de mi profesión o de otros gustos, una pasión por el séptimo arte y sobre todo, por el a veces mal comprendido género que ocupa al de las películas añejas. Esto lo digo, porque respeto mucho a los que sí son estudiosos del tema y que me permiten generalmente aprender mucho sobre su punto de vista cuando los leo en cuanto a la realización y pormenores de una película. Confieso que Marilyn Monroe, es una de las razones clave para que se me halla despertado el cinéfilo que algunos llevamos dentro, y que por ella, halla descubierto ese gigante mundo. Por eso, a parte de solo ser uno de sus millones de seguidores que a través de la historia la han venerado, también le agradezco a ella ser la tapa del libro gigante de mis ganas de seguir disfrutando del buen cine. Y por eso, valga la redundancia, jamás podré ser imparcial con ella, además de que no quiero serlo. Y siempre que leo o escucho, de que no era buena actriz y que sólo la ven como el prototipo de mujer superficial y hasta tonta, simplemente no me aguanto las ganas de contradecir este argumento tan generalizado, ya que razón no tienen. Aquí, en ésta cinta, se puede comprobar lo gigante que era esta mujer porque Laurence Olivier, a pesar de todos los contratiempos durante la filmación a causa de la conocida inestabilidad emocional entre otros percances de la diva, halló fuerza de voluntad finalmente para completar su obra y dejar al mundo, no sé si sabiendo el posible efecto debilitador sobre sí mismo, de la contestación a la ternura, la inocencia, el carisma, la sensualidad, la sexualidad y la picardía sin parangón todos reunidos en esa hermosa dama. Y es que Olivier, queda inevitablemente reducido al lado de ella, porque su figura acapara todo este ejercicio casi teatral, con visos de comedia romántica y grandes diálogos depurados, lo que demuestra que la diosa estuvo más que a la altura del veterano coloso. La historia cuenta, que él quedó satisfecho con el resultado final. porque finalmente comprendió que ella era única, a pesar de todo lo que sufrió por dirigirla. La película en sí, es de un guión sencillo, sin pretensiones más allá de disfrutar un duelo interpretativo de la pareja protagonista y caer ante los encantos de la máxima figura, con embarazo incipiente y que a la postre no duraría, de ese monumento a la mujer. Por tanto, vale la pena verla y disfrutarla, en un papel que no me parece que sea de chica tonta y superficial, al contrario, creo que logra darle el toque de sensibilidad e inteligencia para enamorar al regente inalcanzable e impedir casi que una guerra política. Bueno, al final de cuentas, ello no es lo importante. Lo importante ya sabemos qué es y seguirá siendo hasta el fin de nuestros días, los seguidores de la diosa, que donde fuere, la haremos respetar.

 

Con Marilyn Monroe ocurre como con todas aquellas personas altamente valiosas: A medida que avanzas en el conocimiento de su vida, y sobre todo de su obra, va aumentando tu aprecio y tu admiración por ella. Mientras más veo sus películas (y algunas las he visto dos y tres veces), más me convenzo de la inmensa belleza que ella poseía. En lo externo, su rostro me resulta entre los más puros y armoniosos que nos haya dado el cine en sus primeros sesenta años; y por mucho tiempo, su cuerpo fue de unas líneas fascinantes. Lo mejor, es que siempre irradiaba una inocencia, una fragilidad y una bondad que te hacían amarla. Obsérvese su mirada y su expresión plena, y si hay alguien en quien no cabe ni por asomo la maldad, es en Marilyn. Puede adivinarse en ella algo de vanidad con cierto movimiento que hace con su labio superior; también hay coquetería y provocación en la manera como ondea sus caderas, pero esto se siente, en gran parte, presionado desde lo externo con los incesantes halagos, más los reclamos de los directores en sus afanes de exhibirla. Pero, cuando la observas en cualquier primer plano que dure lo suficiente, Marilyn tan solo despierta deseos de abrazarla y de protegerla como el más preciado tesoro.

 

“EL PRÍNCIPE Y LA CORISTA”, sirve para reafirmar esta imagen que tenemos de una actriz que, además, vuelve a demostrar aquí la enorme chispa que tenía para la comedia. Su rostro de nuevo nos deja léelos y su cuerpo -aunque ahora algo pasadito de kilos- mantiene la coquetería que, en este caso, tenía su merecido lugar. La obra,“The sleeping Prince” y el guión del notable dramaturgo, Terence Rattigan, gozan de una dinámica en constante ebullición, y los diálogos, además de exquisitos y siempre atinados, dejan en muy buen sitio a las mujeres que hacen parte de la historia. El personaje central es Elsie Marina (Marilyn), una modesta actriz de teatro que, accidentalmente, dejará su huella, al ser presentada al gran duque Charles, príncipe regente de Carpathia, alteza, ilustrísima… y toda esa suerte de títulos y adjetivos que tan solo sirven para maquillar sombras. Como es de esperarse, la invitación a cenar no se hace esperar mucho y el aristócrata se va a encontrar con una muchacha que, subestimada por su proveniencia, va a demostrar que lo que tiene dentro es oro puro, y quizás con esto haga historia.

 

Laurence Olivier, otro notable director que se suma a la importante lista que ya había dirigido a la rubia inmortal (Huston, Mankiewicz, Lang, Goulding, Hawks, Preminger, Wilder…), es también el protagonista de una aventura en embajada monárquica donde, de nuevo, la hormiga es la que deja la lección al elefante. Necesario decir que, Marilyn no solo se pone a su altura sino que, con su gracia, su carácter y su belleza, rebasa a su pareja. Necesaria mención de Richard Wattis, estupendo como el asistente del gran duque, y Sybil Thorndike, la reina Dowager, con mucho mejor olfato que oído.

 

 

 

La crítica dijo:

 

–“Marilyn nunca ha parecido ejercer tanto control sobre sí misma, como persona y como actriz, como en este filme”

-New York Post-


–“Este es el mayor esfuerzo cinematográfico de la señorita Monroe. Bajo la dirección de Olivier, nos descubre su gran sentido de la comedia”

-Los Angeles Times-


–“La impredecible oscilación de las promesas interpretativas de Marilyn Monroe se sitúa en su punto culminante en El príncipe y la corista”

-New York World-

 

 

 

 

Lo que no dijeron los comentaristas es que es una excelente actriz de comedia y que tiene momentos en el film realmente electrizantes, hasta el punto de hacernos recordar a Vivien Leigh representando la obra teatral, dándole ese toque de distinción, no exento de vulgaridad que exige el personaje. Sería un crimen comparar a ambas actrices, eso es materialmente imposible, sus registros son opuestos, y seria una imprudencia por mi parte, Pero cuando Marilyn Monroe Productions adquirió los derechos de la obra de Rattigan, nadie apostaba por el personaje de Elsie Marina, todos veían a Vivien dentro de él, y era materialmente imposible que Marilyn pudiera hacer sombra a una de las mejores actrices del cine y del teatro británico.  Admiraba a Olivier, y Larry a Marilyn, pero aunque Elsie Marina necesitaba la mano férrea del actor, ella se bañó de la interpretación de nuestra amada Escarlata....y de los consejos de su profesor de arte dramático Lee Strasberg. Si observamos a ambas actrices, guardando las distancias, lógicamente, veremos que trasmiten vida, sus expresiones son transparentes como el mismo cristal, y es fácil recordar a Vivien cuando presenciamos EL PRÍNCIPE Y LA CORISTA, y ver a Marilyn cuando nos deleitamos viendo una vez mas UN TRANVÍA LLAMADO DESEO. No lo dice el cinéfilo, o el mitómano, lo dice el observador de la imagen, y si alguien lo duda, le desafió a que lo haga.  Marina es Vivien, como Marilyn pudo haber sido Blanche Dubois, no cuesta trabajo imaginarlas.....

El cine a veces nos juega malas pasadas, y esta fué una de ellas.

La aparición de Marilyn vistiéndose en el camerino y llegando tarde al escenario para la recepción de príncipe, nos ofrece bruscamente que Elsie Marina y Marilyn son dos gotas de agua, es como si estuviera escrito a su medida;

"Su tantas veces mencionada impuntualidad, y que no era mas que una forma de querer estar totalmente perfecta para quien espera".

Esta secuencia es tan real que hasta el propio Olivier le sorprendió tanta naturalidad, cosa que mas tarde el actor sufrió de forma contraria, no solo por esperar durante horas la llegada al plató de Marilyn, sino también por la vigilancia a la que fué sometido por su esposa Vivien.

 Existen cientos de imágenes de la llegada de la actriz con su esposo Arthur Miller,  el recibimiento del matrimonio Olivier, y la posterior rueda de prensa: Si de algo me sorprende de todas es el rostro de Vivien Leigh. Mi querida Escarlata acababa de perder el hijo que esperaba de Olivier, y veía como todo un símbolo sexual del cine, acaparaba la atención de todos los medios de prensa. Es difícil situación para una actriz de su categoría, pero mas difícil es todavía, interpretar a la esposa de un hombre tan atractivo como Laurence Olivier, al lado de la luz de Marilyn, con una sonrisa forzada sin recibir por ello un muy merecido tercer oscar.

 

 Se comentó que Marilyn convenció al autor de la obra para que cediera los derechos a su compañía Marilyn Monroe Productions durante una escala en Nueva York......

Maravilloso pacto, debido a ello se bailó el mas hermoso de los vals.

 

 

 Marilyn seguía de forma rígida el constante influjo de los Strasberg, detalle del que Laurence Olivier fué advertido por Willy Wilder, pero a pesar de enorme riesgo que corría por luchar contra lo que el actor británico creía ser un método trasnochado y nada beneficioso, acepto medirse en duelo con el inmenso poder de pantalla que manaba de Marilyn, por ese poder de seducción entre el objetivo y su forma de dirigir. A mi me cuesta creer la ridiculez de la frase, tengo a Olivier por un ser tocado por un don especial, tanto de seducción, como de profesionalidad, como para salir de su boca lo siguiente:

 “Lo único que tienes que hacer es mostrarte sexy, querida”, dijo Olivier nada mas comenzar.

 

 

Las técnicas del Actor’s Studio estaban dando realmente su fruto, Marilyn podía expresar libremente a Elsie Marina, porque era ella misma y estaba demostrando un gran talento para la comedia, siempre con su profesora de arte dramático tras de ella, siempre con el libreto en las manos, controlándose a si misma y teniendo como referencia a una autentica corista londinense. Marilyn nunca pudo interpretar un personaje en el cual no creyese, se llegó a decir que muchos de sus problemas venían a través de las mujeres en las cuales se basó, sobre todo en la enorme influencia de los personajes clásicos que escenificó en el Actors Studio, y cuyas grabaciones siguen injustamente en poder de la familia Strasberg. Marilyn no fué solamente una luz en la pantalla, Wilder, Logan y Huston lo dijeron cientos de veces, dentro de Norma Jean existía una de las mejores actrices de todos los tiempos, solamente tenían que abrir la puerta para dejarle salir, solo eso.

 Olivier controlaba la dirección, la puesta en escena, la rigidez del protocolo, pero no podía controlar cada gesto, cada detalle, cada vibración del personaje de Marilyn. Nadie podía, porque si algo resaltaba de todo, era la vida que reflejaba aquel increíble rostro de pantalla. Años mas tarde, mucho mas tarde, en una entrevista que concedió Sir Laurence Olivier, dijo:

"Nada se podía hacer con aquella luminosidad, era imposible....Tal vez entonces estaba demasiado ocupado con dirigir y no me di cuenta del enorme potencial que tuve a mi lado, hay momentos en que está maravillosa, creo que Marilyn era única."

 

El príncipe y la corista funciona a la perfección como inteligente, alegre e hilarante divertimento, como suave parodia del protocolo y las conspiraciones monárquicas. Los tantas veces escenificados desencuentros entre dos personas de clases sociales opuestas, opera esta vez perfectamente dentro de la pantalla, y en esta ocasión la comedia se viste de gala, nos recrea el interior falso de un reino, las conspiraciones, la rigidez y el morbo contenido de un hombre acostumbrado a tenerlo todo en la palma de la mano. Como contrapunto está el pueblo, o sea Marilyn, está la tierra para conquistar, el fácil destello de un sol que se le escapa al monarca de opereta, y aquí mi querido Olivier, supo sacar toda la intención del autor, tal vez por el tiempo en que estuvo representándolo en el Phoenix Theatre de Londres junto a su esposa Vivien, o tal vez también porque necesitaba volcar en la voluptuosidad de aquellas curvas angelicales, todo el animalismo del hombre que llevaba dentro y que el refinamiento de Lady Olivier le impedía ejercer. Creo que es un vehículo grande para ambos actores, y a pesar de que algunas criticas dijeron que Marilyn eclipsaba al actor inglés, otras se volcaron en marcar una excelente labor de dirección y una sobria e inteligente interpretación del Rey de los actores. Yo, personalmente me inclino porque jamás la pantalla, tuvo el maravilloso privilegio que yo siento cuando contemplo estas magnificas escenas de Westminster:

El rostro de Marilyn en la Abadía:

 " Toda un deleite visual sin precedentes ".

 

Olivier supo extraer de la actriz todo su mundo interior, toda la esponja que era Marilyn y nos entregó unas secuencias llenas de realismo, de emoción, del poder de seducción que tiene absorber algo que siempre está lejano y que ahora gira a nuestro alrededor. El pueblo en plena Catedral, la clase obrera entre Duques, Condes, Príncipes y Reyes.....Los listones se parten en mil pedazos, y los cristales se esparcen por el suelo, a veces unos pasan sobre ellos haciéndose profundas heridas, otros, como Marilyn caminan sobre el vidrio como si fueran parte de él, y la presencia viva del pueblo vestido de blanco, hace sucumbir al mundo trasnochado que la rodea....... Es entonces, y justo en estas bellísimas escenas de la Abadía de Westminster, como diría la voz del creador si hubiere estado allí:

Vivien Leigh acudía un día y otro a los estudios, siempre tenia la costumbre, cuando no trabajaba, de ir a buscar a Olivier, pero los periódicos de aquellos años señalan como único motivo de las continuas visitas de la actriz, los enormes celos que siempre flotaron sobre ella, y que fueron sus compañeros hasta el mismo día de su trágica muerte. Arthur Miller por otro lado, esposo entonces de Marilyn prefería quedarse en el hotel escribiendo, o recibiendo a la prensa con su cara de dolor de estomago..Ya el matrimonio por aquellos años hacia aguas, Marilyn se veía con J.F.K. en la costa Italiana, Vivien tenia citas con Peter Finch, con quien comenzó el rodaje de LA SENDA DE LOS ELEFANTES, y mientras tanto, a espaldas de ellos se estaba terminando lo que para mí y para muchos aficionados al cine, es una gran comedia, una elegante, fina y exquisita comedia, con un guión espléndido, con una fotografía entre el cartón piedra de unos estudios ingleses, pero satinada por el  brillo que siempre dió a todos sus trabajos una mujer única del siglo XX, en manos del mejor actor de actores que pisó los escenarios de todo el mundo. No puedo negar que siento debilidad por ambos, son mis piedras de toque, que nadie diga nada, o simplemente que nadie les mueva de ese lugar de dioses en donde la historia les ha puesto, que nadie lo haga, porque entonces el cine dejaría de tener ese sentido que tiene para este enorme enamorado del mas grande de los artes.

 

 

 

Vuelvo a repetir y lo haré mil veces, que nada sería igual en la historia del cine sin NORMA JEAN BAKER, y nada tendría el prestigio profesional del arte de Moliere, sin el historial de:

 

 SIR LAURENCE  OLIVIER.

 

 

Los grandes nombre necesitan un lugar llamado milagro, los milagros a veces tienen luz propia......

!! QUE SE HAGA LA LUZ !!